Corte con puerta de vestuarios de piscina de un menor. Responsabilidad de la comunidad

En este caso la demandada fue la compañia de seguros de la comunidad de propietarios, al considerarse esta responsable por las lesiones sufridas por un ñiño de cinco años producidas por el corte con el cristal de la puerta de los vestuarios de la piscina de una urbanización.

La sentencia de primera instancia, que condenaba a la demandada al pago de una indemnización, fue confirmada por la Audiencia Provincial.

EXTRACTO DE LA SENTENCIA:

Pues bien, si unimos las consideraciones efectuadas en torno a la imputación objetiva y las referidas a la imprescindible capacidad de discernimiento en el perjudicado al que se le opone la concurrencia de conductas, la conclusión en este caso no puede ser otra que establecer la plena responsabilidad de la asegurada por la demandada.

Así, el reproche que cabe efectuarle (y que nutre la imputación) es la falta de previsión de que un elemento propio representa un peligro precisamente para niños de corta edad.

Esto es, el ámbito de protección de la norma (constituida en este caso por el principio general alterum non laedere - artículo 1.902 del Código Civil ) es justamente la referida a la salvaguarda de los daños que los niños que acceden a la piscina y a sus instalaciones pueden causarse por el estado de las mismas. Y para ello, es exigible que se prevean las reacciones que, nada imprevisibles para un adulto, son distintas en esos niños, y que, desde la experiencia común, no pueden calificarse de extrañas o de inopinadas, precisamente por la falta de absoluto discernimiento en esa fase tan temprana de la vida.

En el ámbito de ciertas actividades relacionadas con la infancia, puede afirmarse la vigencia del llamado principio de seguridad, conforme al cual, quien tiene el dominio del acto, debe prever los movimientos extraños o inopinados que los niños pueden realizar. Y esta exigencia es tanto más fundada cuanto más fácil sea la eliminación de la fuente del peligro, como es el caso considerado en el que bastaba haber instalado un cristal especial, o uno protegido por alambre, que impidiera su fragmentación.